Presentación

Siempre había estado ahí, agazapada entre las instantáneas de recuerdos de viajes y celebraciones. Ir a recoger las fotos reveladas era un momento mágico, no sólo porque te devolvían durante unos minutos al lugar pasado que había sido motivo de júbilo, sino también porque entre ellas aparecía aquella otra, diferente, de aquel reflejo o aquel detalle que te había llamado la atención y que habías olvidado.

Siempre había estado ahí, agazapada entre los libros de viajes de la estantería, esperando el momento de saltar a la mochila y escapar conmigo a lugares cercanos o lejanos, con la ilusión de quien desea romper con la rutina y entrar en el placentero anonimato de un destierro voluntario.

Pero hace unos años mi amiga, la fotografía, decidió hacerse pública para evitar que las circunstancias menoscabasen mi autoestima. Se convirtió en mi bastón y mi bastión. No me volvería a caer ni me volverían a herir. Quien la sacó del armario fue mi primer profesor de fotografía.

“La fotografía de Beatriz no muestra lo que el ojo ve en una determinada situación, sino que va más allá, transmitiendo lo que el corazón siente”.

Fernando González

Son muchas las personas que han estado ahí en las duras. El primero, como siempre, mi padre, pero también mi hijo, mi madre, mi hermano y pocas pero buenas amistades, así como algunos colegas de entonces o maestros de ahora, que de una forma u otra me han servido de apoyo e inspiración.

“Conozco a Beatriz desde hace un montón de años y me asombra su capacidad de levantar el vuelo tras cada tormenta. Suerte en este viaje fotográfico”.

Ara Malikian

Las fotografías ya vuelan por sí solas, la suerte ya está echada, y estas palabras que me dedicó este gran fotógrafo son, sin él saberlo, lo que pretendo transmitir: la serenidad de una vida plena viviendo cada segundo como si fuese el último.

“Beatriz Montes, la mirada serena”.

Tino Soriano

Gracias a todas estas personas de todo corazón.